Creciendo tras las rejas

Por: Yesenia García Cadena

En la actualidad el sistema penitenciario muestra dentro de sus problemáticas, una evidente invisibilidad de los derechos de las madres que purgan alguna sentencia y con ello se vulneran los derechos de sus hijos. Además de que el sistema está construido bajo modelos enfocados a la población masculina. La niñez, activa y nada ingenua, capaz de cometer cualquier conducta por experimentación o por la educación de la cual ha sido sujeta se enfrenta al dilema de vivir en “sano desarrollo” tras las rejas.

El debate consiste simultaneamente en conocer los efectos negativos que la cárcel produce en los menores, y a sus vez, la viabilidad de dejar vivir o no a los niños con sus madres dentro del reclusorio. De alguna manera los hijos de reclusas terminan siendo castigados; permaneciendo con sus madres en prisión o viviendo separados con padres adoptivos o en núcleos familiares destructivos.

Lo cierto que es que detrás de dicha problemática los menores de edad sufren grandes repercusiones en su formación, pues a diferencia de los demás su desarrollo y educación se reduce a un régimen de autoridad en cuatro paredes, siendo latente la posibilidad de repetir patrones de conducta de sus progenitores.

La mayoría de los centros penitenciarios de nuestro país no cuenta con la infraestructura de espacios adecuados para el desarrollo integral de los hijos de las reclusas. En México hay sólo dos centros federales y 10 centros estatales especiales para reclusas, además de 68 penales con adaptaciones para la estancia de mujeres.

Es necesario implementar espacios que permitan a las mujeres que están sentenciadas poder convivir de forma más segura, adecuada y continua con sus hijas e hijos, lo cual, sin duda, ayudará a tener un mejor proceso de reinserción social.

En promedio cada año se embarazan seis mujeres durante su estancia en la cárcel y hasta marzo del 2013, 31 internas se encontraban en estado de gravidez, de las cuales 26 ya estaban en cinta cuando ingresaron a prisión.

Los organismos internacionales y nacionales de derechos humanos han dado cuenta de una deficiencia en el goce de la unidad familiar por parte de los hijos e hijas de mujeres en reclusión, así como de grandes faltas en la atención médica y alimentación para ellos.

  • "Los niños que crecen en la cárcel no tienen garantizados sus derechos y son una población altamente vulnerable. En México, la infancia no ha sido, hasta ahora, una prioridad. No se ha dotado a las prisiones de los recursos específicos para que estos infantes puedan estar en condiciones dignas y se les hagan efectivos, entre otros, sus derechos a la salud, a la alimentación, educación, recreación y a la convivencia en un ambiente sano y libre de violencia."

La provisión de servicios básicos dentro de las prisiones, el mantenimiento de la higiene y la seguridad, así como los programas de rehabilitación se encuentran en un estado de profundo deterioro. De hecho, las cárceles de mujeres son una especie de anexo añadido a las de los hombres y ahora los niños parecieran ser la nueva especie de anexo a las de mujeres.

Desafortunadamente la problemática no parece escandalizar a la sociedad y a las autoridades, por tanto, pocas son las instituciones que atienden dichas necesidades en México.

Por otro lado y hay que destacarlo, aquellos niños que no permanecen junto a sus madres en sus primeros años de vida, experimentan problemas psicosociales, como depresión, hiperactividad, comportamiento agresivo o dependiente, retraimiento, regresión, de alimentación, entre otros.

Sin duda, las niñas y niños en el sistema penitenciario, son la deuda mayor, atendiendo al interés superior de ellos, el hecho que la ley no establezca supuestos para la sana convivencia entre hijos y madres reclusas, los deja en estado de indefensión pues al ser un grupo no considerado como vulnerable no tienen acceso a programas y políticas públicas de gobierno que sean en su beneficio, aunque existen derechos reconocidos para la niñez y se establecen en la Convención de los Derechos del Niño (1989) y por el Estado mexicano en la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

El impacto psicológico y social que se da en el desarrollo de las y los hijos de madres en prisión, no se tiene mucho en cuenta, por muy breve que sea el tiempo. Se trata, entonces, de facilitar en mayor medida el cubrir necesidades básicas de salud, alimentación, vestido y de construir propuestas de transformación y alternativas diversas de atención e inclusión social.

Necesitamos comprender de manera particular la problemática de las mujeres encarceladas y de sus hijos e hijas, con la intención de que esta problemática puede ser mejor atendida por los gobiernos y por quien decide tomar una decisión de cambio.

¿Quieres saber un poco más sobre la situación en que viven los niños, hijos de las reclusas en prisión? No te pierdas el vídeo que hemos preparado para ustedes, Los niños invisibles de México

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